
Para gustos los colores.
Muchos de nosotros utilizamos estos programitas para comunicarnos con nuestros contactos, hacer amig@s, etc. bla bla bla…
La pregunta es: ¿Cuál de ellos es mejor?
Ya sea por cuestiones de seguridad, tamaño de la red, popularidad, facilidad de uso, por las prestaciones que ofrecen o por lo que sea, pero en mayor o menor medida los usamos. Es una realidad. Por lo menos la mayoría sí lo hacemos.
Tener un mensajero instantáneo conectado al servicio - quiérase o no- durante las horas laborales hace perder productividad porque reduce el nivel de concentración de los empleados interrumpiéndolos a cada rato, los distrae, puede infectar de virus las computadoras de la red empresarial, vuelve ocio todo ese tiempo afectando directamente el rendimiento.
Aunque la seguridad implementada en la empresa impida el acceso directo y alternativo (web) siempre se encuentran espacios para escabullirse. Aun cuando las políticas de las empresas prohíban el uso de este tipo de software, la manía, adicción, hábito o mala costumbre de estar “pendiente” del messenger pueden más que tales políticas.
Más allá de las ventajas que puedan ofrecer, el uso de estos programas ha cambiado la vida de millones de personas que navegan por internet día a día.
Messengers: un duro golpe a la eficiencia laboral.






