Hace años, para la celebración del “5to Centenario del Descubrimiento de América” los canales nacionales comenzaron a transmitir una serie de programas sobre varias partes de latinoamérica. (recuerdo que sacaron Carrussel de las Américas)
Entre estos programas transmitían pequeñas cápsulas informativas como “Salto del Ángel”, “Tierra de Fuego”, “Iguazú”, etc, entre ellas contaron la leyenda del Árbol de la Vida.
Hace unos días me metí en www.bing.com y aparece el accidente geográfico tal cual yo lo recordaba haberlo visto
Detalle de la foto en www.bing.com:

Ver esa foto me trajo buenos recuerdos de mi infancia y me propuse a encontrar la famosa leyenda la cual les comparto:
De cómo nació el Roraima
Tal vez la leyenda de origen pemón más difundida sobre Roraima es la que asegura que el tepuy es producto del tronco caído del “Árbol de todos los frutos”.
Esta es la historia de Ma’nápe y sus hermanos, quienes mucho tiempo atrás gozaban de abundantes y ricos condumios, gracias a la generosidad del Wazacá, o Árbol de todos los frutos. Así fue hasta que a Ma’nápe se le ocurrió cortarlo. Akuli, por su parte, intentó persuadirlo, asegurándole que si consumaba sus intenciones se quedarían sin comer, y además, se originaría una terrible inundación.
Ma’nápe no hizo caso y partió bosque adentro, donde encontró el fuerte y alto tronco del árbol, el cual intentó herir con su hacha. La corteza no sufrió el menor rasguño, por lo que invocó a árboles de tronco blando, intentando que el Wazacá cediera. Ciertamente esto funcionó, y su corteza empezó a doblegarse. Akuli, quien había seguido a su hermano para evitar el desastre se asustó mucho, e intentó utilizar miel de abejas para rellenar las hendiduras y detener la inundación. Sin embargo su hermano iba muy rápido, y con cada golpe de hacha nombraba a árboles más y más blandos, hasta llegar a la papaya. “¡Palulu-yeg!”, dijo, y el Wazacá quedó unido con tan solo una delgada capa de corteza.
Entonces todos los hermanos llegaron, y el intrépido Anzikilán gritó: “¡Waina-yeg!”, invocando a un árbol cuya corteza es dura como la roca. Ma’nápe no se dio por vencido e insistió con sus conjuros. Como la corteza del Wazacá había quedado muy débil, su tronco terminó por caer, irremediablemente, al igual que su exuberante copa, sus grandes ramas y sus abundantes frutos. El Wazacá se llevó consigo ramas, bejucos, piedras y a los árboles Elu-yeg y Yaluwazáluima-yeg, de los que se originaron las montañas de nombre epónimo. Del tronco del Árbol de todos los frutos nació Roraima, gigante eterno, majestad de la sabana. La copa del Wazacá y sus frutos cayeron del lado norte, lo que explica la existencia de tantos platanales en esa zona, aún cuando nadie los sembró.
Basado en la versión aportada por Asiclo Gómez, cacique de la comunidad indígena de Kumaraka – pay, también conocida como San Francisco de Yuruaní.